domingo, 30 de mayo de 2010

Supermanes a la carta


Para empezar, con actividades como ésta y la fertilización "in vitro", se le resta a la mujer su importancia radicada en su función de procreadora de vida, para pasar a simple productora de óvulos fecundables, hormonas y muestras de células y tejidos, como un mero "instrumento" de la ciencia, en lugar de ser la protagonista del suceso. No sólo eso, está la posibilidad de crear úteros artificiales, último paso para la producción "en laboratorio" del ser humano.

Algo que ya se está practicando es el poder seleccionar de antemano el sexo del bebé en gestación, algo así como "bebés a la carta", donde se puede checar el menú y escoger si se desea un niño o una niña. Los pequeños ya no serán simplemente como antes, aceptados con sus defectos y virtudes, sino que se convertirán en menos que mercancía.

Hace cientos de años que el hombre sueña con la creación de la Raza Suprema, una especie de Súper-hombres con ingenio y belleza excepcionales (uno de los ideales de Hitler). Para esto, la clonación permitiría seleccionar a aquellas personas con más cualidades físicas y mentales, por lo que el valor de la gente ya no se mediría por su calidad de personas, sino como en el ganado, por quiénes permitirían hacer mejoras a la especie.

Las relaciones sociales fundamentales, tales como la consanguinidad, el parentesco y la paternidad o maternidad, se verían completamente afectadas, e incluso podrían llegar a desaparecer en medio de la confusión. Una mujer puede ser hermana gemela de su madre, carecer de padre biológico y ser hija de su abuelo.

Hay que considerar muy seriamente la dignidad de la persona clonada, que vendrá al mundo como una "copia" (aunque sea sólo copia biológica) de otro ser. En efecto, esta práctica causaría un profundo malestar en el clonado, cuya identidad psicológica corre serio peligro por la presencia de su "otro".

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